
Luego de su brillante paso por el Mundial de Rápidas de Qatar, donde se alzó como el mejor ajedrecista latinoamericano, empató con el campeón mundial y quedó N° 33 del mundo, Cristóbal Henríquez se consolida una vez más como el máximo exponente nacional del ajedrez.
Beneficiario de FundacEK desde hace más de una década y actualmente tutor de nuevos talentos, el Gran Maestro Internacional nos cuenta detalles de su historia de perseverancia, su gusto por el juego y las claves que lo han llevado a ser un referente mundial del tablero.
1. ¿Cómo conociste el ajedrez y cómo fueron tus primeros pasos?
Conocí el ajedrez viendo a mi papá y a mi hermano jugar en la casa. En algún momento me di cuenta de que sabía mover las piezas, solo con observar. Particularmente, los miércoles, jugaban muchas partidas, y vieron que yo tenía ciertas condiciones. Me llamaron a un club que estaba cerca de mi casa, en La Florida, el cual funcionaba en una iglesia. Ahí empecé a tomar clases en ese club. Luego pasé por distintos clubes, con diferentes profesores, y seguí jugando. Mi primer torneo fue cuando tenía 5 años, muy chiquitito.
2. ¿Qué es lo que más te gusta de este deporte?
Todavía me gusta mucho el juego; me parece muy entretenido. También me gusta la competencia. Hay muchos jugadores de ajedrez a los que no les gusta competir, no les gusta estar en la sala de juego porque se ponen muy nerviosos, pero en mi caso, me encanta la sensación de medir habilidades con otros rivales. No me gusta la idea de “aplastar” al oponente simplemente; me gusta que ambos demos lo mejor de nosotros en una partida de ajedrez y que nos enseñemos mutuamente. También me gusta mucho estudiar. Hay épocas en que disfruto más jugar, y otras en que disfruto más estudiar. Porque hay cosas realmente maravillosas. Cuando uno juega ajedrez, uno crea. Pero cuando estudias, ves las creaciones de otras personas. Y también las creaciones de las máquinas me parecen fascinantes: su forma de pensar, la profundidad a la que llegan.

3. ¿Cómo se juega el ajedrez?
Creo que lo fundamental es estudiar y tratar de pasarlo bien, controlar los nervios en la partida. Es una disciplina que requiere constancia, no depende de la suerte, sino del trabajo. Muchos amigos me dicen que hay un factor artístico importante en el ajedrez, y estoy de acuerdo. Hay combinaciones maravillosas, pensamientos abstractos muy distintos. Pero como se estudia tanto y hemos avanzado tanto, hay veces en que ni siquiera “juegas”; simplemente reproduces los mejores movimientos. Hoy en día, las partidas tienen tres fases: apertura, medio juego y final. Se supone que eso es lo que estudias, pero la teoría ha avanzado tanto que puedes reproducir en el tablero lo que estudiaste en casa hasta casi el final, sin pensar demasiado. Se vuelve muy mecánico, muy frío. Por eso a veces hay que buscar posiciones en las que el rival tenga que pensar, sacarlo de la teoría. El objetivo del juego siempre ha sido pensar, pero ahora hay que esforzarse por salir de esto tan “mecanizado”.

4. ¿Cómo y con cuánto tiempo preparas una partida?
Aunque la preparación puede variar según el rival, igual le dedico muchas horas. Hace poco jugué un torneo de 10 rondas, una por día. Hay torneos donde la media es de 4 horas por partida, y otros donde puede ser de 6 y media o 7. Si juego 6 horas y media, normalmente preparo entre 4 y 5 horas. Hoy en día es muy necesario preparar bien las partidas. Antes, los campeones mundiales podían irse de pie a la partida sin tanta preparación previa. Hoy no; hay demasiado que estudiar. Hay que analizar muy bien al rival y llegar con nuestra propia preparación, porque si no, te pueden ganar “desde la casa”. En un campeonato estoy todo el día viendo ajedrez. Los ajedrecistas llegamos a tal punto que, después de una partida extenuante, seguimos comentándola 40 minutos más.

5. ¿Qué es lo más difícil de dedicarte a esto?
En su momento, lo más difícil fue la falta de apoyo. Siempre he podido contar con entrenadores, con ayuda psicológica —que creo que es fundamental—, pero llegas a los 18 o 20 años y ya tienes que empezar a generar dinero para poder vivir. Y si no hubiera encontrado la forma, quizá no habría seguido compitiendo. Luego descubrí que me gustaba mucho hacer clases. Y que solo dando clases se puede vivir mejor que jugando torneos. Pero creo que esa decisión de “lanzarse” y enfrentarse a la presión social siendo joven es dura. Yo hoy en día no me quejo; tengo una vida bastante buena, en el balance general. Pero hubo épocas en que fue complicado.

6. Buscando esa necesidad de apoyo es que llegaste a FundacEK, ¿cómo has vivido este acompañamiento?
Los tutores que tuve gracias a FundacEK fueron muy buenos y determinantes para mi carrera, sin ellos no habría podido llegar a Maestro Internacional primero, y luego a Gran Maestro. Pero todavía quedaba un “salto”, que era llegar a 2600 de ELO o estar cerca del top 200 del mundo, eso lo logré también gracias a ese trabajo.
Luego, las sesiones de apoyo psicológico también influyeron positivamente en mi vida.
Por ejemplo, había temas como el contacto visual con el rival, ya que me ponía nervioso mirar a los ojos. Eso lo fui trabajando en esas sesiones.
Otro aspecto a destacar es que FundacEK crea un espacio donde niños y jóvenes pueden verse entre pares. Es difícil, estando en el colegio, ver a alguien que quiera ser músico, o estudiar literatura, o dedicarse a algo así. Me gusta mucho que hagan talleres, que sea un espacio donde se juntan niños que están haciendo lo mismo que tú, sabiendo que es algo distinto al resto. Es un lugar donde te sientes acompañado por gente que se dedica a lo mismo que tú, con la misma dedicación y profesionalismo desde muy joven. Eso es muy motivador. Es difícil encontrar lugares así.

7. ¿Cómo ves a la nueva generación?
Es cierto que hay muchos niños y niñas talentosas, pero siento que el problema son las condiciones. Hay muchos niños con mucho potencial para mejorar, pero no tienen tiempo ni energía porque el sistema escolar les quita gran parte del día: se levantan a las 6:30 o 7:00 de la mañana y vuelven a las 5:00 ó 6:00 de la tarde. Si queremos proyectarnos a nivel país, es imposible en esas circunstancias.

Entonces, claro, es complicado para un niño enfrentar esa realidad. En mi caso, siempre digo: si no hubiera tenido algunos apoyos, quizá no me habría dedicado del todo. Un niño o un joven tiene que arriesgarse, a veces, a no tener auspiciadores y sobrevivir dando clases, porque es lo que le gusta. El corazón le pide jugar ajedrez, pero la sociedad lo mira como algo complejo.
Quizá lo que más me da vueltas es eso: la proyección. Llevo tres o cuatro años sintiendo que falta mucho apoyo al ajedrez; no hay suficientes herramientas para que otros puedan ser número uno. Me gustaría que me superen pronto. Sería lindo ver más chilenos allá arriba.
8. Con una carrera tan plena, ¿Cuál es tu sueño? ¿Qué te queda por hacer?

Hace mucho tiempo quiero estar en el top 100 del mundo. También me gustaría estar en mejor condición física, trabajar otros aspectos personales, pero ya no tengo un objetivo que me quite el sueño como antes. Me gustaría jugar nuevamente con Magnus; ese es uno de mis grandes sueños: ganarle al mejor de la historia, o a Ding, el campeón mundial actual. Pero más que eso, simplemente quiero disfrutar cada torneo y cada entrenamiento. Esa es mi mayor misión hoy en día.